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El primer espejo: Refleja el momento.

espejos

“Lees el rostro del cielo y de la tierra, pero no has reconocido a aquél que está ante ti, y no sabes cómo interpretar este momento.”
Evangelio de Tomás

Los animales son grandes espejos para activar las emociones sutiles que llamamos “problemáticas.” En la inocencia de ser lo que son, pueden encender poderosas emociones de control y juicio respecto a la forma en que las cosas deberían o no deberían ser. Los gatos son un ejemplo perfecto.

Mi primera experiencia con gatos comenzó en el invierno de 1980. Trabajaba para una compañía de petróleo como geólogo experto en computadoras y vivía en un pequeño apartamento en Denver. Como miembro del departamento recién creado de servicios técnicos, pasaba la mayor parte de mis días, tardes y fines de semana aprendiendo los detalles de las nuevas computadoras y aplicando lo aprendido a los conceptos tradicionales de geología del petróleo. En realidad, no había considerado tener una mascota, simplemente porque nunca estaba en casa el tiempo suficiente para cuidar de ella.

Un fin de semana, un amigo que vino de visita me trajo un regalo inesperado: un hermoso gatito naranja y beige de unas cinco semanas de edad. Era el escuálido de la carnada y le puse de nombre Tigger como el tigre del libro infantil clásico Winnie-the-Pooh. Aunque no me permitían tener mascotas en mi apartamento, me sentí de inmediato atraído por Tigger y descubrí que la enorme presencia de su cuerpecillo le brindaba tanto a mi vida hasta extrañarlo cuando no estaba a mi lado. Me dije que sería algo temporal, decidí romper un poco las reglas y lo conservé. Y así, Tigger y yo nos convertimos en una familia.

Enseguida, entrené a mi nuevo amigo para que honrara las “zonas prohibidas” de nuestro hogar. Le enseñé a mantenerse alejado de los sofás, los estantes, y a no subirse a la nevera. Y sobretodo, no podía encaramarse en el alféizar de la ventana, para que todo el mundo lo viera, mientras yo estaba trabajando. Todos los días cuando regresaba a casa lo encontraba durmiendo en uno de los lugares permitidos. Todo parecía funcionar de maravilla en nuestra relación secreta.

Un día, regresé a casa de mi trabajo un poco más temprano de lo usual. Cuando abrí la puerta del apartamento, Tigger se despertó de un sueño felino profundo, justo en el estante de la cocina al lado del lavaplatos, un lugar que había sido definitivamente identificado como prohibido. Se sorprendió tanto de verme pasar por la puerta como yo de verlo sobre el estante. De inmediato, dio un brinco y se bajó regresando a su lugar sobre la cama, y esperó a ver mi reacción. Ahora, yo sentía curiosidad: ¿habría sido un incidente casual, o era una señal de lo que realmente ocurría cuando me iba de la casa a diario? ¿Conocía mis patrones tan bien que podía estar en el lugar correcto a la hora correcta cada vez que yo llegaba a casa en la tarde?

Ese día realicé una prueba. Salí al balcón, que daba a una hermosa zona verde, me escondí detrás de las cortinas y esperé pretendiendo que me había ido a trabajar. Al cabo de unos minutos, Tigger saltó de la cama y se fue directamente a la cocina.

Creyendo que me había ido, volvió a encaramarse en el estante al lado de la tostadora y de la máquina extractora de jugos. Estaba tan cómodo en su lugar que pronto comenzó a cabecear y se quedó dormido al lado del lavaplatos, un lugar al que nunca iba si sabía que yo estaba en casa.

Fue entonces cuando hablé con algunos amigos que también tenían gatos y aprendí algo que probablemente todos los dueños de felinos ya han descubierto. ¡Uno no entrena a un gato! Pues, aunque hay excepciones, por lo general los gatos hacen lo que quieren. Les gustan los lugares altos y gravitan alrededor de estantes, neveras y alféizares prohibidos.

Aunque honren nuestras reglas en nuestra presencia, cuando están solos, los gatos gobiernan en sus propios mundos.

LOS ESPEJOS ESTÁN EN TODAS PARTES

La razón por la cual comparto esta historia es debido a lo que la conducta de Tigger “causó” en mí. Ante lo que él representaba, un simple gato, descubrí que me sentía frustrado, casi hasta la ira. Me miró directamente a los ojos y supe que estaba consciente de sus límites.

Aún así, actuaba en contra de su entrenamiento y hacía lo que había decidido hacer, cuando decidía hacerlo.

Quizá no fue coincidencia que durante la época de mis problemas con Tigger advirtiera paralelos con las frustraciones en mi trabajo. De hecho, parecía que las personas que yo supervisaba estaban haciendo exactamente lo mismo que Tigger: ignorando las instrucciones que yo les daba para nuestros proyectos. Después de una tarde particularmente difícil, una de mis colegas vino y me preguntó por qué no la dejaba hacer su trabajo en paz. Le había asignado un trabajo y ella sentía que yo quería controlar cada paso de lo que hacía. Ese día, más tarde, cuando llegué a mi apartamento encontré otra vez a Tigger en la zona prohibida del estante de la cocina. Y esta vez, cuando me miró, ni siquiera se dignó a bajarse. ¡Yo estaba furioso!

Cuando me senté en el sofá a pensar, advertí el paralelo entre la “falta de respeto” de Tigger por mis reglas y la actitud que parecían adoptar mis colegas. En dos experiencias simultáneas, en apariencia no relacionadas, tanto Tigger como mis colegas me estaban que no había sido consciente hasta ese preciso momento. Se convirtió en el primero de una serie de espejos que tuve que reconocer en mi interior, antes de sanar otros más poderosos y delicados en mis relaciones.

Durante las décadas de los sesenta y los setenta era común que los profesionales de autoayuda nos dijeran que si no nos gustaba el mundo ante nosotros, deberíamos observar nuestro interior. Nos enseñaron que todo -desde la ira de nuestros colegas hasta las traiciones a nuestra confianza- es un reflejo de nuestras creencias más profundas. Los patrones con los que nos identificamos más fuertemente son a menudo los que no podemos ver en nuestras propias vidas. Este escenario es precisamente lo que estaba ocurriendo respecto a Tigger y a mis compañeros de trabajo.

No estoy sugiriendo que mis colegas estaban conscientes de cómo me estaban reflejando o del papel que este patrón estaba jugando en mi vida, estoy casi seguro de que no era así.

Simplemente, por medio de nuestra dinámica, ellos hicieron surgir en mí algo que yo también descubrí. En esa época de mi vida, yo era el espejo del control. Puesto que el reflejo ocurrió en el momento, en vez de horas o días más tarde, pude ver la conexión entre mi conducta y sus reacciones. La clave de mi lección fue la respuesta inmediata.

EL ESPEJO DEL MOMENTO

Si observamos los estudios antropológicos de tribus escondidas en Asia, descubrimos lo importante que es reconocer la relación entre lo que hacemos y lo que pasa en el mundo.

Cuando unos exploradores descubrieron una de las tribus “perdidas” (obviamente, sólo estaban perdidas para nosotros, pues ellos sabían exactamente quiénes eran y en dónde estaban localizados), se sorprendieron al encontrar que sus miembros no relacionaban el sexo con el embarazo. El espacio de tiempo entre el acto sexual y el momento del nacimiento era tan largo, que el nexo entre los dos eventos no era obvio para ellos. Éste es el valor de nuestros espejos, su inmedia- tez nos ayuda a comprender las conexiones reales y subyacentes entre eventos en apariencia dispares.

Si estamos viendo nuestras creencias representadas a través de nuestros espejos, entonces están ocurriendo ahora mismo. Cualquier reflejo que veamos nos brinda un momento de una oportunidad preciosa. Una vez que es reconocido, un patrón negativo puede ser sanado ¡en un santiamén! Reconocerlo es la primera clave respecto a la razón de su existencia. Con mucha frecuencia descubrimos que los patrones negativos reflejados en nuestras vidas están enraizados en uno de los tres miedos universales explorados en el capítulo anterior.

Cuando vemos nuestras creencias reflejadas en tiempo real en nuestras relaciones con los demás, experimentamos el primero de nuestros espejos, y es justamente eso: el espejo del momento.

Algunas veces, sin embargo, el reflejo del momento puede estar mostrándonos algo más sutil de lo que estamos haciendo en nuestras vidas; a veces nos revela lo que juzgamos en nuestras vidas. Cuando lo hace, experimentamos el segundo espejo de la relación.

Extracto de La Matriz Divina.
Gregg Braden.


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